Edmundo Diquez Cottin, en el recuerdo, por Nelson Bocaranda Sardi

Edmundo Diquez Cottin, en el recuerdo, por Nelson Bocaranda Sardi

8 abril, 2021 0 Por

@nelsonbocaranda

El martes 6/4/21 falleció un venezolano ejemplar, un arquitecto global, un hombre de ingenio, bonhomía, “joie de vivre”, buen humor, amigo de verdad de sus amigos y de una altísima calidad humana: Edmundo Díquez Cottin, quien fuera Premio Nacional de Arquitectura 1997.

Su buen humor siempre fue sobresaliente. Era maestro en el manejo inteligente del humor negro. Compartía sin aspavientos su vasta cultura con los amigos, entre los que tuve la dicha de incluirme. Y podía pasar horas disertando de cualquier tema. Su adorada esposa, Luz, murió hace un año y eso le afectó notablemente, pues fueron inseparables desde su primer encuentro. Siempre estuvieron enamorados desde ese afortunado día. Por eso lo recuerdo con la foto donde están juntos.

Ambos se conocieron cuando ella era guía del pabellón de Venezuela en la Feria Mundial de Nueva York en 1964 que, por cierto, Edmundo y sus socios en la firma de arquitectura Díquez, González&Rivas (Oscar y José Alberto) habían diseñado.

Edmundo Diquez Cotten en el recuerdo
Pabellón de Venezuela en la Feria Mundial de Nueva York en 1964-1965. Foto: Fundación Arquitectura y Ciudad.

Entre sus proyectos estuvo la Oficina de Turismo de Venezuela en Nueva York, ubicada en Park Avenue con la calle 57, dependiente primero de la Conahotu (dirigida por Diego Arria) y luego de Corpoturismo (dirigida por Guillermo Villegas y después por Frank Briceño Fortique), donde trabajé por algunos años.

Varias docenas de máscaras de los Diablos de Yare en sus paredes y pantallas de video, mostrando las bellezas de nuestro país, fueron la marca de esa oficina que atrajo a miles de turistas cuando Venezuela era uno de los destinos favoritos de estadunidenses y canadienses que llenaban semanalmente los aviones de Viasa con destino a Caracas y Margarita.

El 12 de octubre de 1971 se me presentaron allí Luz y Edmundo con tickets en la mano para la premiere de la ópera rock de Andrew Lloyd Weber Jesus Christ Superstar. Raudos nos fuimos los tres al teatro Mark Hellinger de Broadway a disfrutar de la obra que se convirtió en un megahit de tal envergadura que, todavía 50 años después, sigue presentándose en varios países con diferentes arreglos. Apenas se daba a conocer Lloyd-Weber y, como era su debut en Broadway, pudimos compartir después un cóctel con el autor y los artistas. Siempre al encontrarnos nos recordábamos de aquella oportunidad. Todos los que conocimos a esta pareja podemos dar fe de la versatilidad cultural de ambos.

Los interminables y agradables cuentos e historias de los temas, hechos, facetas y personajes que ustedes se puedan imaginar eran parte de esos conocimientos, sapiencia y condición humana de este gran arquitecto, cuya obra trasciende en el tiempo.

Bajo su firma, con sus compañeros, crecieron muchos pasantes que hicieron carrera en la arquitectura venezolana e internacional. Edmundo asesoró (pro bono) a doña Alicia Caldera con el Museo de los Niños y a Sofía Imber con el Museo de Arte Contemporáneo. Su creatividad era muy especial. Y su exquisito gusto lo hicieron vanguardista, adelantado a su tiempo. Que Dios los tenga en su gloria.

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