La Asamblea solitaria, por Armando Martini Pietri

La Asamblea solitaria, por Armando Martini Pietri

14 enero, 2021 0 Por

@ArmandoMartini

Así van a estar presididos por el que sirve para todo: psiquiatra, todero de oficios aprendidos a golpe de vivencias y no por sus estudios. Veterano de elecciones y sistemas electorales fraudulentos, vicepresidencias complacientes y serviciales, ministerios abúlicos y ahora líder de un parlamento despoblado, en soledad y rechazo casi universal. Acompañado de la vigilante atenta e intransigente vicepresidencia de especialidad carcelaria, conocedora en detalle y profundidad del submundo de los pranes y la delincuencia organizada.

Debatirán con obediencia y pocas posiciones encontradas en lo que el capricho castromadurista llama “Asamblea Nacional”. Oasis solitario de la perversión bribona, reconocido por una insignificante minoría, nacido de un proceso electoral sin participación, desértico, con la coincidencia de la aversión y antipatía mundial.

Te conozco, mascarita

Muy pocos fueron a ejercer el derecho a votar. Y el vacío de los ciudadanos demostró contrariedad, desacuerdo, rechazo a esta mentira que el castrismo venezolano organizó en busca de una legitimidad imposible. Y de voces que aprobaran, sumisos, sin discusiones, leyes que consideran necesarias para seguir con su fuga hacia adelante bajo un ajado disfraz revolucionario que ya no disfraza. Ya todos les dicen, ¡hasta Joe Biden!, “no me inventes historias que te conozco, mascarita”.

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La ciudadanía, sólidamente unida como nunca en varios años, pero con el estorbo de los sordos selectivos y ciegos convenientes que continúan por su cuenta, conversando, comprobando fallas, testigos vivos del derrumbe devastador. Pero, con la pendeja tontería de dialogar convenios y pactos. Sin duda los habrá, es el estilo clásico del cohabitador encubierto buscando condiciones de la boca para afuera, cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres, para ir paulatinamente traicionando, desconociendo y mutando sin pudor ni rubor.

Que se vaya Maduro siempre fue beneficio interesado. Que los castro-maduristas con sanciones por delitos de lesa humanidad enfrenten la justicia y se mantengan sancionados, una incógnita que solo el tiempo esclarecerá. Y otros, disfrutando delicatessen, glorias y delicias del exilio bien pagado, lo han dicho públicamente. Lo que se está discutiendo -guste o no- es la transición con ellos, el 30A es un buen ejemplo, pero no la permanencia revolucionaria -historieta para bobos- con más de un chavista tentado, sea por evitar la cárcel, los problemas, el desprecio social y lo más importante, la pérdida del dinero robado. Absueltos por la parodia de la amnistía.

La revolución que apesta

En el mar la vida es más sabrosa, pero no en soledad y aun menos apabullados por el descrédito. Ante el mundo ya no son la “revolución bonita” que alardes de histerismo populista proclamaban; ahora son los rechazados, negados, apestados. Malos tiempos hasta para un psiquiatra irónico, hiriente, vengador, sancionado y negado por los venezolanos, como emblema de simulación y ruina.

2021 comenzó pareciendo, pero no será una prolongación del nefasto 2020; será un año de controversias, reacciones, decisiones. Ya estallan violencias y protestas en todo el país, solo que el régimen todavía controla, presiona, atemoriza, cierra medios -el último VPI- con acciones que a pesar de los flamantes autos nuevos nadie toma en serio, aunque sí con indignación.

El presidente usurpador vuelve a anunciar que este año será el de la recuperación. Para lo cual, de paso, reconoció que el Bolívar no solo vale cada día menos, sino que se ha convertido en un elemento etéreo que solo puede manejarse a través de la electrónica. Agoniza en una “nube” sin que podamos siguiera verle la cara y tocarlo.

Aunque parezca espejismo, la moneda nacional real, en transacciones informáticas y operaciones mano a mano en el comercio, es la divisa estadounidense, el odiado dólar; otra vergüenza de una revolución que nació muerta y se dice bolivariana del siglo XXI. Que ha sido siempre pura paja, embuste y palabrería, símbolo de fracaso, hambre y miseria.

Una muerta que no descansa en paz.

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