Sobre la moralidad de la deuda externa: ¿vampiros o acreedores?, por Isaac Nahón Serfaty

Sobre la moralidad de la deuda externa: ¿vampiros o acreedores?, por Isaac Nahón Serfaty

14 octubre, 2020 0 Por Editor

@narrativaoral

El economista Francisco Rodríguez ha escrito un artículo en la revista Foreign Affairs en el que afirma que las sanciones contra el régimen de Nicolás Maduro han afianzado al gobierno chavista en el poder mientras que están produciendo un tremendo daño a los más pobres en Venezuela. El argumento tiene sentido. El ejemplo de Cuba y la larga dictadura comunista de los Castro es una prueba irrefutable de lo inefectivas que resultan las sanciones comerciales para producir un cambio de gobierno en sistemas autoritarios y totalitarios.

Rodríguez, sin embargo, afirma que no son solo las sanciones contra el régimen la principal causa de la debacle económica venezolana. A pesar de que el régimen chavista repite en su propaganda que el “bloqueo” es la razón de todos los males, está claro, como lo afirma el mismo Rodríguez, que la hiperinflación, la caída de todos los indicadores de crecimiento y producción, el empobrecimiento de la gente, la devaluación brutal del bolívar, la destrucción de la industria petrolera y de las industrias básicas, preceden las sanciones impuestas por el gobierno de Trump.

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En su artículo, el economista, quien ha sido profesor y analista de firmas de inversión en Estados Unidos (Torino Capital y Bank of America Merrill Lynch) que recomendaron la compra de bonos venezolanos, asevera que las causas fundamentales de la crisis económica en Venezuela son las políticas del chavismo y la corrupción generalizada. En este punto Rodríguez también tiene razón. Es la combinación de un estatismo trasnochado, lleno de retórica revolucionaria, y el funcionamiento de mafias que se han beneficiado de negocios turbios con miembros del régimen lo que ha acabado con la economía venezolana. No olvidemos el festín de dólares de Cadivi, los bolichicos que se apropiaron del dinero que debió ir al sector eléctrico, y el robo de fondos en Pdvsa, solo por citar algunos.

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El olvido de Rodríguez

Lo que no menciona Rodríguez en su artículo es la responsabilidad de los inversionistas que compraron bonos soberanos de Venezuela y de Pdvsa en el financiamiento de un régimen corrupto y criminal. Llama la atención que un economista tan bien informado no ponga el dedo en esa llaga que representa una deuda externa pública que se calcula en cerca de 160.000 millones de dólares americanos.

Los gobiernos de Chávez y Maduro fueron bastante puntuales y disciplinados en el pago de los intereses de los bonos de la república y de Pdvsa, por lo menos hasta 2017, cuando el régimen chavista planteó una renegociación de la deuda con sus acreedores. La caída de los ingresos petroleros y de la producción petrolera ha cambiado la situación para los acreedores, que no pierden la esperanza de recuperar sus capitales. El régimen chavista ha encontrado otras formas de pagar sus importaciones, especialmente con las reservas de oro y el oro extraído en el Arco Minero.

Los bonos de sangre

Hace tres años otro economista venezolano, Ricardo Hausmann, profesor en Harvard, cuestionó la moralidad de invertir en bonos de Venezuela o de Pdvsa, bonos que ofrecían rendimientos muy superiores a los del mercado. Hausmann también cuestionó que el régimen de Maduro pagara los intereses de los que llamó “bonos del hambre”, en detrimento de recursos que podían servir para paliar la crisis de salud y de alimentación que ya enfrentaban entonces los venezolanos. En ese momento, Rodríguez, quien ocupaba el rol de analista en una firma que negociaba bonos venezolanos, insistía en que Venezuela podía y debía pagar a sus deudores.

Hoy la evidencia es clara. Los compradores de títulos de deuda de Venezuela han financiado a un régimen criminal que desde los tiempos de Hugo Chávez ha violado y continúa violando los derechos humanos.

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Se podría hacer un paralelismo entre el oro de sangre y los bonos de sangre. Ambos han servido de sostén para que Maduro y su gobierno militar-cívico puedan disponer de recursos. Con ellos importa gasolina de Irán (en un curioso círculo vicioso de “solidaridad” entre gobiernos autoritarios y acusados de crímenes contra sus propios pueblos); pero también sigue comprando armamentos, mantiene aceitada su maquinaria de propaganda internacional, y sigue favoreciendo la corrupción como incentivo para mantenerse en el poder.

Llegará el momento en el que, después de un cambio democrático de gobierno en Venezuela, se establezca la ilegalidad de una buena parte de la deuda externa contraída por el chavismo. No habrá que dejar fuera las consideraciones morales de quienes se llenaron los bolsillos con los “bonos de sangre”. Las finanzas y la ética no deberían estar divorciadas. ¿O será mucho pedir?

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