NYT: Venezuela, que fue una potencia petrolera, llega al fin de una era

NYT: Venezuela, que fue una potencia petrolera, llega al fin de una era

7 octubre, 2020 0 Por Editor

Por primera vez en un siglo, no hay plataformas en busca de yacimientos petrolíferos en Venezuela.

Los pozos que alguna vez explotaron las mayores reservas de crudo del mundo están abandonados o los dejan para que emitan gases tóxicos que arrojan un brillo anaranjado sobre las ciudades petroleras en crisis.

Las refinerías que alguna vez procesaron petróleo de exportación son cascos oxidados, que gotean crudo que ennegrece las costas y recubre el agua con un brillo aceitoso.

La escasez de combustible ha llevado al país a un punto muerto. En las gasolineras, las filas se extienden por kilómetros.

El colosal sector petrolero de Venezuela, que dio forma al país y al mercado energético internacional durante un siglo, se ha detenido casi por completo, con la producción reducida a un goteo debido a los años de mala gestión y las sanciones estadounidenses. El colapso deja una economía destruida y un ambiente devastado, y, según muchos analistas, pone fin a la era de Venezuela como potencia energética.

“Los días de Venezuela como un petroestado se acabaron”, dijo Risa Grais-Targow, analista de Eurasia Group, una consultora de riesgo político.

Se espera que el país que hace una década era el mayor productor de América Latina, que ganaba alrededor de 90.000 millones de dólares al año por las exportaciones de petróleo, obtenga alrededor de 2300 millones para fines de este 2020, menos que la cantidad total de remesas que los migrantes venezolanos que huyeron de la devastación económica del país enviarán a casa para mantener a sus familias, explica Pilar Navarro, una economista residente en Caracas.

La producción es la más baja en casi un siglo después de que las sanciones hicieron que la mayoría de las compañías petroleras tuvieran que dejar de perforar o comprar petróleo venezolano, e incluso ese goteo podría agotarse pronto, advierten los especialistas.

Lea el reportaje completo en The New York Times haciendo clic aquí