Fotos / Buhoneros de Las Pulgas se mudaron a “Raúl Leoni”

Fotos / Buhoneros de Las Pulgas se mudaron a “Raúl Leoni”

18 septiembre, 2020 Desactivado Por Editor

Cientos de comerciantes informales, que migraron del icónico mercado tras su cierre en mayo pasado,  instalaron otro a cielo abierto sin ninguna medida de bioseguridad en esta populosa comunidad, del oeste de Maracaibo.

Por:  Redacción Web

Cientos de vendedores deambulan por la calle o se colocan frente a sus mesas a ofrecer mercancía sin ninguna medida de bioseguridad a otro tanto de compradores que igual incumplen con las normas de protección contra el covid 19 en un mercado improvisado por comerciantes, que migraron de Las Pulgas tras su cierre, y de los alrededores de la Curva de Molina, al barrio Raúl Leoni, en el oeste de Maracaibo.

La improvisación y la anarquía campean en este espacio de unos 500 metros de largo por 15 de ancho aproximadamente, en la avenida 91-A, donde las mesas y carretillas ocupan una extensión de cinco cuadras repletas de gente, literalmente unas encimas de otras, ansiosas por comprar y vender.

No hay absolutamente nada, a excepción de unos cuantos rostros con mascarillas, que reflejen protección contra la pandemia del covid 19 por lo que, a simple vista, en el lugar late, de forma  subterránea, un nuevo foco de contagio  por la similitud de sus características con las que presentaba el mercado Las Pulgas en aquellos aciagos días previos a su cierre.

Aunque la curva de contagios se ha mantenido baja en el Zulia, el peligro persiste y una situación como la de “Raúl Leoni”, sin controles, con presencia masiva de personas, pudiera desencadenar otro foco.

“Estar aquí dentro es como andar en Las Pulgas antes que lo cerraran. No hayas por dónde caminar, te tropiezan de todos lados y tienes que cuidarte mucho para que no te roben. Eso sí, consigues casi todo lo que vienes a buscar y a buen precio como allá”, señaló Jesús García,  cuando salía de entre los “tarantines” cargado con bolsas, sin la mascarilla de protección.

Ligia González, que vende mercancía traída de Colombia en una mesa, agrega: “No podemos seguir en casa sin trabajar. O nos mata el coronavirus, o nos morimos de hambre, Prefiero correr el riesgo a que mis hijos lloren por comida”, sostuvo.

Al consultarle el por qué muchos comerciantes no usan la mascarilla, como en su caso, sostuvo que no le preocupa y ninguna autoridad los supervisa. “Los policías nada más vienen a buscar ‘lo suyo’ y no lo exigen, no están pendiente de eso, por aquí nadie se ha enfermado gracias a Dios. Yo me cuido, pero a veces se me olvida el tapaboca”, expresó la mujer.

Otro comerciante, que habló sin dar su nombre, sostuvo que son pocas las esperanzas de volver a trabajar dignamente en un mercado en el corto plazo. “No sabemos nada de reubicación. Solo lo que vemos en las noticias. Aquí estamos a la buena de Dios, esperando a ver qué van a hacer con nosotros. Y ese coronavirus no baja tampoco por lo que creemos que no hay solución cercana”, manifestó.

Respecto al destino de estos trabajadores del comercio informal, que viven del día a día, el gobernador Omar Prieto ha manifestado en reiteradas oportunidades que serán reubicados en diferentes espacios acondicionados para tal fin, por áreas de trabajo, bajo protocolos de distanciamiento social, en los terrenos ubicados alrededor de Las Pulgas.

  Según el dueño de una de las casas cuyo frente está ocupado por las mesas, quien no quiso identificarse por temor a represalias, el mercado inició a principios de mayo. Primero comenzaron a instalarse de a poco, pero hace unos dos meses “invadieron en tumulto y se apoderaron de la avenida”, dijo.

Apuntó que “comenzaron puramente  vendedores de mercancía traída de Colombia y a medida que fue creciendo el mercado llegaron comerciantes de toda clase. Ahora consigues plátano, yuca, verduras, carnes, pescado, queso y todo lo que necesites como era en Las Pulgas”, expone el morador de la zona.

“Por eso, nadie puede entrar o salir en carro por el garaje de su casa pues está cerrado por las mesas. Si se te presenta una emergencia, allí mismo puedes perecer, pues las salidas están obstruidas”, acotó.

Explicó que en un principio respetaban el centro de la vía y solo ocupaban las aceras. Los carros podían circular y había orden, pero luego fueron llegando más y más y hoy todo el espacio está saturado con mesas, carretillas, triciclos y todo tipo de “tarantines” sin ningún orden.

El testimonio no oculta su temor por el peligro que corre al salir de su casa y pasar entre mesas, vendedores y transeúntes. Confiesa: “Yo me estoy beneficiando de esta situación pues me pagan un dólar por cada una de las cuatro mesas que tengo al frente, pero a la vez quiero que se vaya esta gente. Tengo a mi esposa, dos nietas  y una hija que pueden contagiarse al igual que yo porque esos comerciantes van y vienen a Colombia sin ningún control, cualquiera puede venir enfermo y contagiarnos a muchos”.

“Además han traído inseguridad. Hay robos a cada momento y se están metiendo en las residencias. Orinan y hacen otras necesidades en cualquier parte y, muchas veces, cuando se emborrachan los fines de semana, a la vista de todos. Es un desastre”, alertó.

Según agregó, nunca, desde que se instalaron allí, las autoridades han intentado desalojar a los comerciantes informales del lugar. Y hace otra revelación: “Los funcionarios policiales también sacan su provecho de este mercado. Ellos cobran Bs 50.000 diarios por mesa y un dólar a cada casa, pues se dieron cuenta que los comerciantes nos pagan ese monto por un espacio de metro y medio frente a las residencias. Frente a mi hogar caben cuatro mesas”, subrayó.

 “A lo largo de las cinco cuadras ocupadas hay unas 35 residencias a cada lado de la vía lo que suma 70 viviendas aproximadamente. Frente a cada hogar pueden instalarse cuatro, cinco y hasta seis mesas lo que sumaría 350 espacios, sin contar los ubicados en medio de la vía, que también pagan”, describió.

Pero no todo es anarquía y desorden. Los comerciantes también pagan 20.000 bolívares diarios por mesa para el aseo y la calle queda limpia a final de la jornada. Los domingos no trabajan y todo está despejado ese día.

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