Historias | Positivo para COVID-19 y para falta de atención

Historias | Positivo para COVID-19 y para falta de atención

11 septiembre, 2020 Desactivado Por Editor
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El señor José, de 50 años, vivía en Upata y murió en Ciudad Bolívar esperando por ser intubado, pues tenía dificultades respiratorias
La señora Laura, de 68 años, tiene más de un mes recluida en el Poliedro de Caracas. Después de varias semanas hospitalizada, tuvo que comenzar a lavarse su ropa en el baño

@Andrea_GP21 / Foto: AP

Este domingo, 13 de septiembre, se cumplen seis meses desde que se anunciaron los primeros casos de COVID-19 en Venezuela. Tres días después, el país entró en una cuarentena para evitar los contagios, pero el virus se ha ido propagando y los casos, según las cuentas oficiales, ya superan los 56.000 contagios.

La administración de Nicolás Maduro ha repetido en numerosas ocasiones que se ofrece la atención necesaria a todas las personas contagiadas en los distintos centros de salud donde son recluidos los pacientes. Sin embargo, hay incontables testimonios que aseguran lo contrario.

Hace unos meses, cuando hubo un brote de casos de COVID-19 en Venezolana de Televisión, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), denunció que todos los trabajadores fueron confinados en un sótano del edificio. “Algunos duermen en el piso porque no hay suficiente espacio, otros en un sótano sin señal y sus familiares no pueden hablar con ellos”, señaló la organización.

Uno de los mayores problemas que tienen los pacientes de COVID-19 es conseguir que les realicen una prueba rápida y ser hospitalizados para recibir atención médica. Esto, según testimonios, es una completa odisea y no es un proceso sencillo, como lo hace ver el gobierno.

José Félix Oletta, exministro de Salud, declaró a La Prensa Lara que en Venezuela no es posible dar respuesta a todas las personas con sintomatología respiratoria, tras ver los retrasos que hay en los diagnósticos que se hacen en el país. “Hay una subcifra que preocupa. Los retrasos en los diagnósticos son evidentes y esto preocupa”, dijo.

Tras dar positivo, llega otro problema: encontrar dónde ser hospitalizados, cosa que en muchos casos no ocurre y si se llega a dar, no se hace de la mejor manera. Algunas personas son llevadas a hospitales centinela, Centro Diagnóstico Integral (CDI) u hoteles que fueron tomados por el gobierno para asilar a los pacientes.

Y por si fuera poco, en algunas zonas donde los contagios están extendidos y hay personas con fuertes afecciones respiratorias, en algunos casos no es posible encontrar una hospitalización para recibir el atención y el tratamiento adecuado.

Un mes en el Poliedro

Laura tiene 68 años, sufre de hipertensión y fue operada a corazón abierto. Ella inició con síntomas el 16 de julio. Tenía dolor de cabeza, fiebre, vómito y diarrea. Su sobrino relató que tras varios días con esos síntomas, le hicieron unos exámenes de sangre y una placa de tórax que después llevaron al Hospital de Clínicas Caracas, donde tuvo una consulta médica.

Antes de encontrar un lugar donde hacerse la prueba rápida, para determinar el contagio, tuvo bastantes dificultades. Tenía problemas respiratorios y se le diagnosticó un edema pulmonar. Aun así, recorrió varios CDI y hospitales, donde no recibió respuesta para atenderse.

Encontraron un CDI en la avenida Andrés Bello. La médico que la atendió, al ver su estado de salud, le dijo que le guardaría una prueba rápida, pues no llegaban todos los días. El domingo, 26 de julio, le avisaron que al día siguiente llegarían las pruebas y que fuera a hacérsela. Al día siguiente acudió al sitio, le hicieron la prueba y dio positivo.

A las 10 de la noche de ese mismo día, llegó un autobús al CDI buscando a las personas que habían dado positivo. Salieron del lugar y recorrieron la ciudad yendo a otros CDI en San Martín, la carretera vieja de La Guaira y luego los llevaron al Poliedro. Llegaron a la 1:00 de la madrugada.

Tras llegar al Poliedro, Laura avisó a sus familiares que la habían instalado en un cubículo, que recibía buena atención, alimentación y que incluso, contaban con un servicio de lavandería en el lugar. El médio le indicó que siguiera el tratamiento que le habían recetado en Clínicas Caracas, más su tratamiento diario para la hipertensión.

Después de varios días días con el tratamiento, le realizaron nuevamente una prueba rápida. En ese momento, el médico que la atendió en el Poliedro le indicó que debía dejar el tratamiento con azitromicina. El resultado de esta prueba tardó 12 días en llegar y dio positivo. Durante todo ese tiempo de espera, la señora Laura no tomó ningún medicamento para tratar la COVID-19.

Tras dar positivo, los médicos decidieron aplicarle otro tratamiento. Según cuentan sus familiares, se trataba de un antibiótico, que tomó junto a su tratamiento diario. Unos cuatro días más tarde por fin le realizaron la prueba PCR, que dio positivo. Le realizaron otra placa de tórax, donde todavía se veía el edema pulmonar, pero con una mejoría.

El pasado 27 de agosto, la señora Laura cumplió un mes hospitalizada en el Poliedro. “Ya se le quitaron todos los síntomas. Ya no tiene dolor de cabeza, fiebre, vómitos ni diarrea. Lo único que le queda es un poquito de tos”, señaló Arturo, uno de los familiares.

A pesar de que al principio contaban con un servicio de lavandería, varias semanas después los pacientes comenzaron a lavarse su propia ropa en el baño, pues solo les lavaban la ropa de cama y la calidad de la comida desmejoró.

El pasado lunes 31 de agosto, Laura le hicieron nuevamente una prueba rápida, donde volvió a resultar positivo. Su sobrino contó que esta prueba se la hicieron a varios pacientes y, quienes resultaban negativo, eran dados de alta. Sin embargo, la señora tuvo que seguir hospitalizada y recibiendo atención médica. Hasta la fecha, la paciente sigue recluida en el Poliedro.

24 horas esperando atención

José era de Upata, estado Bolívar. Tenía 50 años y no sufría ninguna patología, solo fumaba. Mariela, una familiar del señor, contó que todo el círculo familiar estaba contagiado con COVID-19, pero fue a José a quien más duro le atacó el virus.

Estuvo durante siete días con muchos problemas respiratorios y requería atención para ser intubado. Sin embargo, en Upata no había disponibilidad para este tipo de atención, por lo cual fue trasladado hacia el Hospital Rúiz y Páez de Ciudad Bolívar donde está uno de los dos centros centinelas del estado. Se sentía mal, pero podía hablar”, contó el familiar.

Tras llegar al hospital estuvo 24 horas sin recibir ningún tipo de atención médica. Según contó su pariente, en el momento que lo iban a intubar, el 25 de agosto, sufrió un paro respiratorio y falleció en el momento.

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José estuvo con dos familiares en la habitación del hospital donde falleció. El jueves, 10 de septiembre, uno de esos parientes también murió por COVID-19.

Mariela contó que la situación en Upata es bastante complicada. Señaló que durante los primeros meses de cuarentena, cuando una persona fallecía, a los familiares les entregaban los cuerpos y procedían a hacer los velorios en sus casa, en grandes reuniones, algo muy propio de algunas regiones del país. A su juicio, esto trajo como consecuencia un grado de contagio muy alto en esa entidad.

Al respecto, una fuente señaló que cuando velaban a las personas, los familiares hacían juegos de mesa. A pesar de que existen las funerarias, los ciudadanos preferían seguir con su tradición, algo que, según señala, ha causado más contagios.

“A la gente le entregaban su familiar y los velaban, las sobrinas dicen que es impresionante la cantidad de gente que entierran”, cuenta Mariela, añadiendo que en el caso de la familia del señor José aseguran que todos han tenido COVID-19, pero no se toman las medidas necesarias para evitar el contagio. Y así ocurre en muchas zonas de esa localidad.

Después de varios meses de que se anunciaron los primeros casos en el país, según el familiar del señor José, fue que las funerarias dejaron de entregar los cuerpos y sepultarlos. “La funeraria lo va a buscar pero no pueden estar cerca en el cementerio. Yo tengo una hermana que le pedía que le pasaran la foto. Está en uno de los laterales del cementerio, pero está pasando de un tiempo para acá y en el pueblo hay gente que dice mentira”, señaló el familiar.

“Es lamentable lo ocurrido, especialmente porque José era una persona sana y trabajadora, junto a toda su familia. En los primeros días, a pesar de sentirse mal, siempre estaba pendiente de los suyo” dijo Mariela.

Una fuente declaró a Runrun.es que en la entidad muchos sectores han tenido apagones debido a las lluvias y añadió que el gobierno “está aprovechando” la situación para reducir nóminas.

Hotel por cárcel

Uno de los sitios de aislamiento de pacientes con sospecha de COVID-19 son los hoteles. La alcaldesa del municipio Libertador, Erika Farías, informó el pasado mes de agosto que 90 hoteles están activos en Caracas para dar atención a los contagiados, así como hospedajes comunitarios para aislamiento sanitario.

A Jesús le tocó estar en uno, pero su proceso ha sido tedioso y una de sus hermanas denuncia que su pariente “parece un preso”. Comenzó a sentir síntomas del virus la semana del 10 de agosto. Tenía malestar general y quebranto. Al tercer día perdió el gusto y el olfato.

Jesús, de 39 años, acudió a la emergencia del CDI de Propatria. Pregunté si realizaban la prueba rápida y me dijeron que no”, contó su hermana.

Tras salir del CDI, recorrieron varios hospitales: el Periférico de Catia, el Hospital de Los Magallanes, el Pérez Carreño y el Hospital de Lídice. En ninguno logró hacerse una prueba rápida, porque no había. “Nos dijeron que en el CDI de Antímano la hacían, fuimos y no estaba abierto porque lo estaban desinfectando. Mi hermano me dejó en la casa y fue al Clínico Universitario, a la Universidad Bolivariana y tampoco le realizaron la prueba”, explicó la hermana de Jesús.

Finalmente, por medio de unas personas del Consejo Comunal de la zona en la que residen, se enteraron que harían pruebas rápidas ese fin de semana. “Una de las señoras habló con alguien del CDI de los Flores de Catia. Allí se hizo la prueba y dio positivo.

Jesús le escribió a su hermana a las 2:00 de la tarde de ese día diciéndole que tenía hambre. Que no le habían dado comida ni agua y que no lo dejaban salir a comprar algo de comer. Cuando ella iba a salir a llevarle alimentos, él le dijo que lo buscaron para llevarlo a la calle de los hoteles, en Plaza Venezuela.

“Alrededor de las 7:00 pm no había llegado todavía, seguían dando vueltas buscando a otras personas positivas, me dijo que para ese momento estaba en La Vega. A las 8 y pico me dijo que había llegado a la calle de los hoteles, que iban a distribuirlo pero seguía sin comer ni beber agua”, añadió la joven.

Después de la travesía, fue casi a las 10:00 de la noche que Jesús le avisó a su hermana que lo llevaron a un hotel en Chacaíto. La habitación donde fue aislado no tenía sábanas, no había sido limpiada y desinfectada, no tenía aire acondicionado, estaba repleta de zancudos y chiripas. Las comidas tenían mal aspecto y sus hermanas decidieron llevarle alimentos y té de malojillo y toronjil.

Su otra hermana habló con el dueño del hotel por las condiciones en las que estaba, pero este le dijo que el hotel fue tomado por la Alcaldía del municipio Libertador. “No recibe ningún pago ni productos para desinfectar o limpiar las instalaciones”, cuenta la joven entrevistada por este medio. 

Jesús estuvo durante dos semanas en el hotel sin recibir atención, tuvo una recaída y comenzó a padecer los síntomas, hasta que finalmente acudió a un médico para realizarle la prueba PCR, cuyo resultado llegaría en 15 días. Pasado ese período, el resultado fue positivo y el 5 de septiembre lo trasladaron al hotel Alba Caracas junto a otros contagiados. Al llegar allí, se encontró con una habitación sin agua, con cucarachas, sin televisor ni lavamanos.

En este nuevo hotel las medidas de seguridad eran mayores. Sus hermanas solo podían llevarle comida en las mañanas y todo tenía que ser desechable. “Es como si fuera un preso, un criminal, una persona que se enfermó y decidió ir para no afectar a su familia. Mi hermana se enfermó al mismo tiempo que él, Salud Chacao le dio el tratamiento y le dijeron que se quedara en su casa, yo presenté todos los síntomas en julio, estuve en cama 10 días sola”, cuenta la joven.

El miedo a la estigmatización y discriminación existe. La doctora e infectóloga de la policlínica La Arboleda, Patricia Valenzuela, dijo a Crónica Uno que muchas personas que sospechan de contagio tienen miedo. “El temor parte de que el Ejecutivo decide trasladar a estos pacientes a hoteles en donde no hay condiciones higiénicas”, comentó.

*Nota: Runrun.es cambió las identidades de los pacientes y entrevistados para resguardar la seguridad de cada uno.