Sobre el 6D y la ruta unitaria, por Pedro Méndez Dager

Sobre el 6D y la ruta unitaria, por Pedro Méndez Dager

7 septiembre, 2020 0 Por Editor
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@pedro_mendez_d

Algunas consideraciones de fondo

Enfrentamos a un régimen autoritario hegemónico. Pero además es un régimen sostenido por la economía criminal y con lógica de funcionamiento revolucionaria, por lo tanto, dispuesto a cambiar las reglas de juego ante cualquier coyuntura con tal de mantenerse en el poder.

Esa misma condición revolucionaria hace que la oposición sea vista no como un rival político, sino como un enemigo al que hay que eliminar.

Por lo tanto, todas las acciones de la unidad democrática deben estar dirigidas a debilitar, presionar y deslegitimar al régimen. El objetivo debe ser lograr un quiebre o una negociación que conlleve a una transición y la recuperación de la democracia.

El régimen promoverá elecciones si piensa que puede ganarlas o robárselas. Por consiguiente, no podemos pensar en eventos de este tipo como una elección, sino unidos y con una estrategia clara, como una oportunidad de debilitar al régimen y exponer el fraude. En la lógica de presionar y deslegitimar al régimen el camino de una elección debe ser recorrido como un instrumento de lucha y estar dispuestos a no reconocer el resultado o a retirarnos de la elección si hay fraude.

No es viable la tesis de ir ganando espacios electoralmente porque el régimen no actúa democráticamente. Eso pertenece a otro momento de esta historia. El régimen ha ido evolucionando de un autoritarismo competitivo a un autoritarismo hegemónico. Toda estrategia de la unidad democrática hoy debe comprender la resiliencia del régimen y su capacidad de modificar constantemente las reglas. Es falso que se pueda asistir a estas elecciones del 6D para luego legislar, para tomar alguna decisión desde el Parlamento y ni siquiera para tener una voz que pueda ser escuchada. Vistas las condiciones, ni siquiera es posible ganar. Pero sí ayudaría al régimen a regularizar su situación.

Cuba y el régimen buscan, a toda costa, dividir a la oposición, ganar legitimidad, normalizar su secuestro del poder y construir una oposición hecha a la medida. Busca que se le retiren las sanciones, disminuir la presión internacional y golpear moralmente a la unidad.

El gobierno interino es una consecuencia jurídica y política del fraude impuesto por el régimen en la elección de 2018.

Es una tesis política sostenida por la unidad, respaldada por la decisión colectiva de la Asamblea Nacional. Pero además es una instancia colegiada construida con el apoyo político de la unidad. La administración de ese gobierno interino ha tenido errores y ha tomado decisiones erradas inconsultas y otras, también equivocadas, colectivamente. Pero es un bien y un activo de todos.

Si colectivamente estimamos que el gobierno interino no es el mecanismo más eficiente para luchar por la liberación de Venezuela, entonces debemos buscar una alternativa para la conducción de los esfuerzos de liberación del país y una instancia que permita proteger los activos de la República en el exterior, al tiempo que lleve adelante la estrategia internacional que mantenga y aumente el apoyo de otros países a la causa de la libertad en Venezuela.

La política de la oposición hoy no ha sido exitosa en el objetivo de lograr el cambio político. Pero si no estuviese teniendo parte del efecto deseado, ¿por qué el régimen se empeña en hacer todo lo posible por acabar con esa política?

Las sanciones pueden revisarse, pero bien direccionadas son parte de la situación que tiene débil al régimen. Liberan presos y dan algunas concesiones, en parte, porque las sanciones le pesan. No podemos ser nosotros en la unidad quienes hagamos los esfuerzos por quitar las sanciones. Por ejemplo, quienes se empeñan en que no se bloquee la llegada de diésel (que estoy de acuerdo en que podría ser una sanción revisable) poco dicen cada vez que el régimen envía petróleo y sus derivados a Cuba y eso hay que hacerlo también, aun con mayor fuerza. Participando en cualquier convocatoria semielectoral, negociando de buena fe y quitando las sanciones el régimen no tendría razón alguna para liberar presos políticos.

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Algunas consideraciones de forma

Es incorrecto e inmoral recurrir al argumento de que la unidad y el régimen se pelean por el poder mientras la gente sufre. En primer lugar, porque el régimen encarcela, roba, tortura, exilia, persigue y censura mientras la oposición ha buscado por 21 años una salida constitucional. En segundo lugar porque la enorme mayoría de la unidad lucha, justamente, por resolver los problemas de la gente.

Hacemos política con principios y valores para sacar a Venezuela de la miseria, la diáspora y la pobreza. Es falso también esgrimir que solo si se participa en el 6D se lucha y si no se participa no se está luchando. Las distintas tesis en torno al cambio político en Venezuela son válidas. Y la enorme mayoría de las personas que militan en los partidos o que forman parte de las organizaciones de la sociedad civil lo hacen porque, a su manera, están luchando y lo hacen por la gente.

La estrategia debe ser luchar y presionar dentro de Venezuela y en el plano internacional para conseguir condiciones electorales y, llegado el momento de una elección, usarla como mecanismo de lucha para defender la voluntad del pueblo. Y en ninguna medida para legitimar o normalizar la situación del régimen.

La política en general es negociar y es ir a elecciones, sí. Pero no se agota en eso. La política es luchar en el campo que toque por defender el bien común. Nuestra tarea debe ser debilitar y dividir al régimen, no debilitarnos y dividirnos nosotros. Lo que no es permisible es cohabitar, apaciguar, normalizar.

Consideraciones para la acción política

No hay opciones fáciles por las condiciones que impone el régimen. Sí es necesaria una estrategia clara. Pero, cerrados los canales de participación política, la resistencia nos puede obligar a períodos en los que simplemente mantenernos vivos y libres es suficiente; luego debemos construir fuerza y alianzas para protestar, reclamar, presionar. Pero la dificultad de las circunstancias planteadas no nos pueden llevar a “hacer algo”, cualquier cosa.

La acción política hoy debe partir del reconocimiento de las virtudes que otros análisis tienen del momento político. No tiene sentido banalizar la importancia de los argumentos presentados por quienes estiman necesaria la colaboración de los aliados internacionales, pero tampoco se puede disminuir la importancia de la protesta y la lucha por los derechos. También es necesario considerar eventos cuasielectorales como mecanismos de lucha. Pero todo ello requiere comprensión de toda la realidad que nos rodea y no encastillarnos en posiciones que, por sí solas, a nada llevan.

Por último: construir desde la base. Debemos poder movilizar a cada ciudadano en el reclamo por sus derechos. Hacer política desde la base se convierte en un reto y una necesidad.

Reconocer nuestro valor, por Roberto Patiño*

Esto significa mucha organización y mucha pedagogía política para interpretar el sentir de los ciudadanos y potenciar su justa indignación por las terribles condiciones de vida a las que nos ha sometido el socialismo. Esa acción de base puede y debe incluir a la diáspora, materia pendiente en el enorme esfuerzo colectivo que debe significar la liberación del país.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es