Apuntes de otoño (I), por Julio Castillo Sagarzazu

Apuntes de otoño (I), por Julio Castillo Sagarzazu

2 septiembre, 2020 Desactivado Por Editor
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@juliocasagar

La tradición oral fue desde siempre, y al menos hasta la aparición de la escritura y luego de la imprenta, la forma más eficaz de transmisión del conocimiento. Contar cuentos ha sido un oficio que todas las civilizaciones y todas las épocas han respetado y me aventuro a decir que estimado, incluso hoy, cuando la historia se cuenta en 140 caracteres.

Por otro lado, quienes carecemos de las herramientas académicas para participar en los debates de temas abstrusos y profundos, siempre conseguimos alguna anécdota que explica, de manera sencilla, lo que otros hacen de manera complicada. Esto lo entendió a la perfección el hijo de un carpintero de Nazaret, que terminó cambiando al mundo con la revolución del espíritu más profunda que se haya conocido hasta ahora. Él logró que imagináramos que un grano de mostaza puede encerrar, en su pequeñez, una fortaleza inusitada si cae en buena tierra.

Estos apuntes en el otoño de nuestra actividad pública y política pretenden ser un grano de mostaza regado al voleo, con la esperanza de que en alguna tierra buena caiga, ahora que ya no tenemos la edad del agricultor bisoño que ara el terreno y lo cuida a diario.

Contaremos cuentos y anécdotas que puedan tener algún interés y sean pertinentes para colaborar en la comprensión de problemas que se debaten en los grandes foros a los que no tenemos acceso. Al final del día, los que haremos será lo mismo que hacemos con los nietos en la hamaca: les hablaremos de lo que nos ha ocurrido y cómo vimos las cosas hace tiempo. Al menos con ellos me funciona. Logro que dejen los videojuegos por un rato y se entretengan con los relatos. Eso esperamos con esta serie que hoy comenzamos.

No tomar tus deseos por realidades

La política es el arte de lo posible. Una cosa es lo que queremos que ocurra y otra muy distinta lo que puede ocurrir. Nuestra juventud trascurrió soñando con un cambio revolucionario del mundo. Creíamos que porque había injusticias era suficiente desear que se acabaran para que ello ocurriera. Pensábamos que las ideas de igualdad y solidaridad, que estaban en nuestras cabezas, estaban en las cabezas de todos los demás.

En una ocasión, en medio de una campaña electoral, recalábamos Alberto Franceschi y yo en la casa de Miguel Bello, quien fue un personaje particular de la política carabobeña. Un gran factótum. En su casa se forjaron acuerdos en la universidad, en los concejos municipales, en la Asamblea Legislativa. Cuando Luis Herrera Campíns ganó las elecciones y su encuestadora Pronóstico pronosticó (nunca mejor dicho) su victoria, acertando por décimas los números reales, su figura tomó la dimensión de gran gurú.

Allí fuimos Alberto y yo a contarle de nuestra novedosa y esforzada campaña electoral. Habíamos comprado una vieja camioneta pick up a la que un viejo militante de la izquierda regional, José Valecillo, con manos prodigiosas trasformó en una tarima portátil. Con ella dábamos tres mítines diarios en los barrios populares. Nos sentimos los dueños de la opinión pública. ¿Quién podía superar tamaña hazaña? Estuvimos varios minutos hablando de nuestros prodigios y nos jactábamos de cómo habíamos explicado que las tragedias de los pobres se debía al egoísmo de los ricos y sus gobiernos. Con la paciencia y la sabiduría de los años, Miguel se inclinó hacia atrás en su poltrona preferida de la sala rodeada de obras de arte y nos dijo: “ustedes sí que son ingenuos, no saben que lo que más le gusta a un pobre es un rico”.

Aquel mazazo de sinceridad nos descolocó por un momento y quizás no le dimos crédito y seguimos con nuestros mítines y nuestra cruzada propagandística. Es obvio que los números no nos dieron la razón. La enseñanza es que un dirigente político debe fundar su acción en realidades y no en deseos. El instinto es importante y lo da la práctica de todos los días y el estar en contacto directo con la gente, pero los objetivos que te planteas deben estar fundados en lo que es objetivo. Claro que hay que perseguir sueños y tener proyectos, pero para que estos sean comprensibles deben estar traducidos al lenguaje de millones y no en el lenguaje de los escogidos y narcisos que creen que sus ideas son realidades porque son de ellos. Aprender ese lenguaje es clave para tener éxito en la política.

Sin organización no hay vida

Las ideas solas no ganan batallas. Las ganan cuando se convierten en voluntad y cuando esa voluntad se organiza. Por eso nacieron los partidos políticos. La idea no es de sus primeros organizadores.

Casitas de muñecas, por Víctor Maldonado C.

En el Evangelio hay varias claves de lo que hay que hacer para que una doctrina no muera. La iglesia no es un partido político, pero es una institución que tiene más de 2000 años. Sobrevive porque está organizada, estructurada, jerarquizada y se impone metas para hacer conocer y ampliar su mensaje. Aquí no nos referimos a su misión profética, sino a su forma terrenal. Cuando Jesús dijo a Pedro, “tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia” estaba dejando muy claro que no solo los mandaba a predicar la buena nueva, sino que tenían que organizarse para que aquellas palabras no se las llevara el viento de los tiempos.

Nuestra primera experiencia política electoral está muy vinculada a la organización para lograr unos fines. Corría el año 1968 y un grupo de jóvenes estudiantes del Liceo Pedro Gual que no teníamos filiación política más que la amistad y estar vinculados con Palestra, un movimiento fundado por un hermano de La Salle de nombre Humberto Peñaloza, que formaba jóvenes cristianos y que operaba como una verdadera escuela de líderes, resolvimos participar en las elecciones para elegir el Centro de Estudiantes del liceo más importante de Carabobo. Debíamos enfrentarnos a la poderosa coalición del PCV y el MIR que ganaba prácticamente todas las elecciones estudiantiles en liceos y universidades.

El día que decidimos participar nos trazamos un plan. Organizamos una estructura con un delegado por cada curso. Constituimos comisiones de propaganda y finanzas. Algunos nos dedicamos a redactar un programa de reivindicaciones. Cada día, a las 7 de la mañana, nos dábamos cita en la puerta del liceo y evaluábamos lo realizado y nos proponíamos nuevas tares.

Encabecé aquella plancha, como candidato a presidente; y como secretarios general y de organización estaban Paqui Yanes e Iván Hurtado. Nuestro representante en la Comisión Electoral fue Jaime Salama. Ganamos las elecciones, fue una sorpresa para todos. No veníamos de la política; hoy en día nos calificarían de miembros de la sociedad civil. No tuvimos el apoyo de ningún partido, pero no nos quedamos en la tribuna “manageando” el partido, sino que decidimos bajar al terreno a jugar. No confiamos solo en nuestro mensaje de amplitud y de crítica a la vieja dirigencia. NOS ORGANIZAMOS para participar y para ganar aquellas elecciones.

La política es analógica, no digital, por Julio Castillo Sagarzazu

Si este apunte sirve de algo, debería ser para comunicar lo importante de organizarse, de organizar la voluntad y las ideas. De no quedarse atascado en la opinión, en la difusión y ahora en el teclado si es que quieres lograr objetivos políticos. Eficacia y eficiencia sin organización no existen. Tener un plan, evaluarlo y elaborar tácticas y estrategias con él es básico para todo aquel que quiera obtener resultados en este mundo complejo.

La próxima semana continuarán estos apuntes de otoño.

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