Cepaz pone la lupa en las causas de los femicidios en Venezuela

Cepaz pone la lupa en las causas de los femicidios en Venezuela

22 mayo, 2020 Desactivado Por Editor
Advertisement
Un informe del Centro de Justicia y Paz indica que las muertes violentas de mujeres ocurren por la influencia de una cultura discriminatoria, basada en una idea de inferioridad femenina 

El Centro de Justicia y Paz (Cepaz) estableció desde el año 2019 un Observatorio Digital de Femicidios, con el fin de que los datos sobre las muertes violentas de mujeres recabados a través de los medios de comunicación digital sean categorizados, analizados, y estén disponibles para todas las instituciones y ciudadanos interesados en la prevención del femicidio y en la evaluación de las respuestas del sistema de justicia sobre estos casos.

Antecedentes

La emergencia humanitaria compleja ha demostrado tener un impacto desproporcionado y diferenciado sobre la vida de las mujeres, más aún en un contexto de violencia generalizada, donde el Estado venezolano ha optado por ignorar sus obligaciones en materia de derechos humanos.

Las muertes violentas de mujeres ocurren por la influencia de una cultura discriminatoria, basada en una idea de inferioridad femenina, con un fuerte arraigo en estereotipos y roles de género, que naturaliza y justifica constantemente los tipos de violencias ejercidos en su contra.

La impunidad ante la inoperancia y falta de efectividad del sistema de protección, impide que cualquier iniciativa que pretenda disminuir los índices de violencia de género tenga éxito.

En Venezuela el abordaje de la violencia de género es vago, infértil y confuso. En especial el del femicidio, lo que unido a la falta de estadísticas género-sensitivas, impide elaborar leyes, políticas, planes y programas estatales para la erradicación de la forma más grave de violencia contra las mujeres.

Es por ello que la conformación de un registro de feminicidios es una necesidad para la toma de decisiones en materia de política preventiva. La obtención y recolección de estadísticas es indispensable para conocer la magnitud, forma y comportamiento del feminicidio, y un instrumento básico de lucha contra la violencia hacia la mujer.

La creación de políticas públicas de calidad requiere información confiable, que permita elaborar diagnósticos acertados de los problemas que buscan resolver y la existencia de información precisa, oportuna y documentada es un derecho ciudadano que debe atenderse con premura desde el Estado.

Primeros datos que impactan:

Desde el 1 de enero hasta el 13 de marzo de 2020 hubo, en promedio, un femicidio cada 36 horas.
En total 21 niños y niñas quedaron huérfanos.

En 6 de los casos las/os hijas/os de la mujer presenciaron su femicidio.

Aunque la tendencia es a considerar el hogar como el lugar más seguro, este se vuelve el espacio más inseguro para algunas: 40 mujeres fueron asesinadas dentro de sus propias casas.

8 de las 85 víctimas tenían menos de 10 años. Dos de ellas presentaron como signos de violencia lesiones genitales o paragenitales.

Caracterización de las víctimas en el monitoreo

Todas las víctimas eran de nacionalidad venezolana.

En la mayoría de los casos (30.6% de los femicidios analizados) la edad de la víctima estaba comprendida entre los 23 y los 31 años de edad. Estos rangos coinciden con la edad reproductiva de la mujer, así como con el periodo de vida en el que, con mayor frecuencia, se empiezan a entablar, negociar y desarrollar las relaciones afectivo-emocionales

El 25.9 % de las mujeres víctimas de femicidios eran madres.

Tres de las 85 víctimas estaban embarazadas. Dos de ellas murieron estranguladas y golpeadas.

En 40 casos de los 85, los femicidios ocurrieron en el ámbito privado de la mujer, es decir, en su casa de habitación o la de su compañero. En 15 de esos casos se usó un arma punzo penetrante, y en 12 de los casos las muertes ocurrieron por propia mano del agresor.

De los 14 casos ocurridos en plena calle, 10 fueron mediante arma de fuego.

Caracterización de los agresores en el monitoreo

En la mayoría de los casos (equivalente al 14.2% de los femicidios analizados) la edad de los agresores femicidas estaba comprendida entre 36 a 43 años de edad; observándose con respecto a la edad que reflejan las víctimas de femicidio una disminución de los rangos.

Vale acotar que en el 56, 5% de los casos ha sido imposible establecer la edad del agresor, lo que guarda relación con la falta de identificación de los mismos.

En 44 de los 85 casos (51.8%) el agresor huyó del lugar de los hechos y no fue aprehendido, sin que tenga información sobre su ubicación posterior.

Los agresores femicidas que eran funcionarios policiales o militares tenían edades comprendidas entre 32 y 39 años.

En 3 de los 4 casos donde logró determinarse que el agresor era un funcionario policial o militar, los femicidios se cometieron con armas de fuego.

Luego de haber cometido el femicidio, 9 agresores se suicidaron y 1 lo intentó sin éxito. Uno de los que se suicidó era funcionario policial.

Vínculo relacional

De los 55 casos donde hubo lesiones múltiples en los cuerpos de las mujeres, en 20 las víctimas tenían o habían tenido convivencia con sus agresores, bien sea por matrimonio o por unión de hecho. El feminicidio a manos de la pareja o ex conviviente es el resultado de un largo proceso de abuso de poder basado en relaciones de desigualdad que dañan la integridad física, psicológica, sexual y económica de la mujer.

En 7 de los 55 casos donde hubo lesiones múltiples en los cuerpos de las mujeres, los victimarios eran miembros de la misma familia de la víctima (padres, tíos, hermanos, primos).

En 26 de los casos donde no se determinó qué tipo de relación existía entre la víctima y el victimario, 15 de las muertes ocurrieron por lesiones múltiples.

De los 33 casos donde no hubo testigos presenciales de los femicidios, 22 ocurrieron en el ámbito privado de la víctima y el agresor (casa de la mujer, casa del hombre o casa de ambos).

Motivación, modus operandi, incluyendo violencias ante y post-mortem y contexto del femicidio

Los casos en los que se puede inferir la venganza como móvil, aunque no arrojan en detalle el núcleo del conflicto, ameritan profundizar en futuros estudios sobre el origen de estos femicidios, ya que no quiere decir que las mujeres pertenezcan a algún grupo delincuencial, sino que la situación bajo la cual se llevó a cabo el feminicidio pudiera estar relacionada con riñas entre grupos de delincuencia organizada, incluso con venganzas entre integrantes de un mismo grupo o de diferentes células. Más cuando en el 49% de los casos no se estableció de primera mano la motivación aparente del femicidio.

En 42 de los 85 casos donde no se hace referencia explícita a la motivación que conduce al femicidio, se aprecia que en el estado Aragua, donde la totalidad de los casos es 8, en 5 no se tiene información sobre qué motiva las acciones delictivas; en el Distrito Capital ocurre lo mismo en 5/11 casos; en Lara en 5/6 femicidios; en Miranda en 4/9, y finalmente en Zulia en 5/8.

Al cruzar la categoría de análisis referida a los signos de violencias presentes en el cuerpo de mujer con la aparente motivación del agresor, tenemos que de los 55 casos donde hubo lesiones múltiples, 11/55 de ellos ocurrieron por celos, 6/55 por venganza y en 24/55 (43.6%) no se tiene idea alguna sobre las motivaciones del o los agresores.

Así mismo, de los 8 casos en los que ocurre el descuartizamiento de los cuerpos de mujeres, en 6/8 de los casos no se tiene idea de las motivaciones de dichos actos.

En 14 de los 85 casos donde se establece como móvil inmediato la venganza, en 2/14 hay descuartizamiento; de los 5 casos con herida de bala, 3 fueron arrojados a la vía pública.

En el 14,1% de los casos se establece como móvil los celos por parte del agresor; quien por lo general presume que la víctima le ha sido infiel. Los agresores no admiten desvinculaciones de sus parejas. Es necesario dar una mirada integral que supere las concepciones que justifican la violencia bajo el pretexto del amor y el honor, enfoque que se da en un contexto machista en el que se percibe a la mujer como propiedad del varón y no se reconoce su autonomía.

Relación mes/estado:

Los estados donde ocurren con más frecuencia los femicidios son: Distrito Capital (11), Miranda (9) Aragua (9) y Zulia (9), pero al cruzarlo con los meses de ocurrencia tenemos que en enero la región con más incidencias fue Miranda; en febrero el Distrito Capital; en marzo Zulia y Distrito Capital.

Las regiones donde resultaron víctimas niñas menores de 10 años fueron: Aragua (1), Bolívar (1), Distrito Capital (1), Falcón (1), Mérida (1), Yaracuy (1) y Zulia (2).

Las regiones donde resultaron víctimas mujeres mayores de 68 años fueron: Miranda (1) y Trujillo (1).

Modalidad más frecuente del femicidio:

Disparos de balas 32,2 %, acuchillamiento 23.5%, golpes 14.1%, asfixia 8,2%.

Signos de violencia:

Hubo lesiones múltiples en 55 de los 85 casos (64.7%). En estos casos se reúnen los acuchillamientos, ahorcamientos y golpizas.

De las 20 muertes de mujeres por acuchillamiento, 6 de ellas fueron descuartizadas, 1 incinerada, 1 con lesiones genitales y arrojada a la vía pública.

De las 12 mujeres que murieron golpeadas, 2 presentaron lesiones genitales.

De las 17 mujeres que murieron baleadas, 2 fueron incineradas y 3 fueron lanzadas a la vía pública.

Presencia de armas:

La presencia de un arma de fuego en situaciones de violencia íntima incrementa la probabilidad de la victimización fatal. No obstante, en Venezuela ninguna investigación completa se ha hecho sobre las armas de fuego en femicidios. En nuestro país las mujeres no son las usuarias ni las compradoras de las armas de fuego, pero sí sufren sus consecuencias: femicidios, lesiones y amenazas. Dos de cada 6 femicidios son cometidos por arma de fuego.

En 25 de los 85 casos hubo la presencia de armas de fuego como instrumento del femicidio.

De estos 25 casos donde fue utilizada el arma de fuego, en 21 no se establece si hubo o no amenaza previa.

De los 25 casos donde hubo arma de fuego, 5 ocurrieron en el Distrito Capital, 4 en Carabobo, 3 en Táchira, 3 Miranda.

7 de 25 femicidios por arma de fuego ocurrieron en el ámbito privado de la mujer.

Denuncia previa:

Solo en 2 de los 85 casos revisados se hace referencia expresa a que efectivamente existía una denuncia previa de la mujer por antecedentes de violencia basada en género. En contrapartida, en 71 de los casos analizados no se encontró información al respecto.

Respecto a los antecedentes penales del agresor por delitos de violencia contra la mujer, en 75 de los 85 casos no pudo encontrarse información al respecto.

Factores de riesgo:

Se consideran factores de riesgo del femicidio y tentativas, a los eventos, fenómenos y características sociales, psicológicas y biológicas que incrementan la probabilidad de morir por el hecho de ser mujer.

Precisamente, la identificación de estos factores de riesgo es una de las tareas claves para la prevención y atención de casos, a partir de la toma de conciencia de la situación. Los casos de riesgo severo son los que se traducen por lo general en femicidios, porque están presentes todas las condiciones para que la violencia lesione gravemente la integridad física, psicológica y sexual de la víctima.

En el 10.6% de los casos destaca como factor de riesgo la convivencia en barrios desestructurados en los que existen altos niveles de pobreza, de delincuencia y de problemáticas sociales. Una línea de análisis reciente dentro de la perspectiva sociológica tiene como centro de estudio el contexto en donde sucede la situación de violencia. Este modelo plantea que el riesgo de violencia en la pareja es mayor en barrios o comunidades desestructurados en los que existen altos niveles de pobreza, de delincuencia y de problemáticas sociales.

Dos argumentos se han ofrecido al respecto: por un lado, se considera que en estos barrios la aceptación social de la violencia como medio de resolución de conflictos es mayor. Por otro lado, se señala que dadas las características estructurales de estos barrios o comunidades, los vínculos sociales entre los miembros de la comunidad son menores, por lo que se reduce el control informal como medio de prevención de la violencia hacia la mujer.

Testigos presenciales:

15 mujeres fueron asesinadas delante de testigos presenciales del hecho, que eran familiares y conocidos.

En 60 de los 85 casos no hubo testigo, al menos identificado.

En los 25 casos con arma de fuego, hubo 11 con testigos presenciales, siendo 6 de los mismos testigos, familiares.

En los 8 casos donde la víctima era menor de 10 años, en 2 de ellos hubo testigos familiares.

En 4/85 casos que el agresor era funcionario policial o militar, 2/4 ocurrieron delante de testigos familiares o amigos, 1/4 delante de testigos transeúntes.

Femicidio y cuarentena decretada en torno a la pandemia por COVID-19

La pandemia afecta a las mujeres de manera diferenciada. Profundiza la situación de desigualdad estructural y complejiza el trabajo, existencia, cotidianidad, resistencia y psiquis de las mismas. Aumenta, de manera exponencial, los diferentes tipos de violencias ejercidos contra las mujeres.

En el primer mes de la cuarentena ocurrieron 19 femicidios. Esto es, cada 36 horas una mujer fue asesinada en Venezuela.

De estas 19 mujeres, 4 eran menores de 18 años; específicamente, dos niñas y dos adolescentes.

En 6 de estos casos el móvil fue la venganza; en 2 casos hubo violencia sexual.

Uno de estos ataques sexuales fue contra una niña menor de 10 años.

8 de las víctimas sufrieron múltiples lesiones (acuchillamientos, golpes, asfixia).

5 femicidios ocurrieron con arma de fuego y en dos casos, arrojaron el cuerpo en la vía pública.
Uno de los agresores se suicidó.

12 de los 19 agresores están fugados; es decir, en el 64% de los casos no se ha logrado la aprehensión del o los culpables.

5 menores de edad quedaron huérfanos durante el primer mes de la cuarentena y dos presenciaron el femicidio de su madre y el inmediato suicidio del padre.

En 8 de 19 casos se usó un arma de fuego.

En 1 de las 8 muertes por arma de fuego, el agresor era un funcionario activo de las Fuerzas de Acciones

Especiales (FAES); en los otros 7 casos no se pudo determinar tal circunstancia.

En 8 de los 19 casos ocurridos en cuarentena, la mujer fue asesinada en su casa de habitación; y en 5 en plena calle.

Femicidios en el contexto migratorio

En un fenómeno migratorio sin precedentes en la región latinoamericana, que ya tiene carácter de éxodo y que cuenta con casi seis millones de personas en movilidad, el impacto de género y el destino de las mujeres migrantes y refugiadas venezolanas se diluye y muchas veces se vuelve invisible.

Del 1 enero al 13 de abril de 2020, tenemos:

En el primer trimestre del 2020 murieron 14 venezolanas en el exterior. Siendo enero el mes con mayor incidencia (8/14)

6 de los 14 asesinatos de mujeres ocurrieron en Colombia, seguidos de 4 en Perú.

6 de los 14 agresores eran venezolanos.

De los 14 femicidios, 10 fueron por lesiones múltiples y 4 por mutilación o descuartizamiento. Entre las 10 muertes por lesiones múltiples, tenemos 6 por herida de arma de fuego, 2 por puñaladas, 1 golpeada y 1 torturada.

En 5 de los casos se encontró un arma de fuego y en 7 armas punzo penetrantes.

Dos de las víctimas eran madres.

Tres niños quedaron huérfanos. Uno de ellos presenció la muerte de su madre.

En 12 de los 14 casos no se han ubicado testigos de los hechos.

8 de los 14 agresores identificados se encuentran en fuga. De los 6 restantes, 1 se suicidó y otro lo intentó y no lo logró.

4 de los 14 feminicidios ocurrieron en el ámbito privado de las mujeres (sus casas); otros 4 en plena calle.

Muertes de mujeres vinculadas a violencia obstétrica (Mortalidad materna)

La violencia obstétrica es un problema de justicia y derechos humanos, que requiere acciones que transformen de manera sistemática la forma en la que se concibe la atención en salud hacia las mujeres. Se genera en el ámbito de la atención del embarazo, parto y posparto en los servicios de salud públicos y privados, y consiste en cualquier acción u omisión que cause un daño físico o psicológico a la mujer, que se exprese en falta de acceso a servicios de salud reproductiva, un trato cruel, inhumano o degradante, o un abuso de medicalización, menoscabando la capacidad de la mujer de decidir de manera libre e informada sobre dichos procesos reproductivos. También estamos hablando de las carencias de medicamentos, insumos y equipos, necesarios para una atención obstétrica de calidad.

Los 3 casos acaecidos en el primer trimestre del 2020 sucedieron en febrero. Los estados fueron Amazonas, Miranda y Monagas. Estas muertes dejan 9 huérfanas/os.

Dos de estas mujeres eran menores de 27 años. Los 3 fallecimientos ocurrieron en establecimientos sanitarios públicos. En ninguno de los casos se produjeron detenciones de los responsables.

Consideraciones finales

Este boletín representa un insumo elemental para toda aquella persona que se encuentre inmersa en los temas de justicia e igualdad de género: funcionarios públicos, tomadores de decisiones, investigadores, entre otros.

Una sociedad logrará ser justa en la medida que se brinden las mismas oportunidades para sus ciudadanos y ciudadanas. Con el monitoreo de femicidios/feminicidios, se pretende enfrentar la falta de un registro oficial que impedía conocer la magnitud del problema.

Derivado de este registro podemos conocer elementos básicos para diseñar un modelo de atención, por ejemplo, basado en el nivel de riesgo que enfrentan las víctimas. Además, en el ámbito de sensibilidad ciudadana, la información producto del registro permitirá contar con datos para la difusión del tema en los medios masivos. Con la nueva data, podríamos sustentar el “por qué” se debe invertir en prevención y atención del femicidio / feminicidio y su tentativa.

La violencia contra la mujer–incluyendo el feminicidio– constituye uno de los elementos más enraizados en la construcción desigual de los géneros. El sistema de salud no escapa a esta realidad, y estas desigualdades se reflejan en la forma en que las mujeres reciben los servicios y atenciones de salud.

Es necesario revisar en el contexto venezolano el tema de la mortalidad materna desde una perspectiva de violencia de género, es decir, es urgente realizar un acercamiento teórico a las causas indirectas de las muertes de las mujeres durante el periodo de embarazo, parto o puerperio, a causa de una desigualdad de género. Todo puede apuntar a la consideración del femicidio obstétrico como delito culposo en una futura reforma de la Ley Orgánica del Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.